¿Existe un comienzo para la música? Para mucha gente, el comienzo de la música cubana fue El Manisero, la canción que se dice que surgió del grito de un vendedor de maní en las calles de La Habana a mediados del siglo XIX, pero que se le atribuye al líder de la banda Moisés Simón y que se grabó por primera vez en 1927. Pero, ¿qué fue lo que realmente la inició?
La canción tuvo un efecto electrizante en la percepción de la música cubana en Estados Unidos, donde dio inicio a una década de rumba maníaca. En 1930, era una de las canciones más populares en el mundo occidental, versionada por Louis Armstrong entre cientos de otras, y vendió un millón de copias, con versiones cinematográficas de Groucho Marx, Cary Grant y Judy Garland, y durante los siguientes 29 años, La Habana fue la Ibiza del momento.
En Europa se convirtió en la primera canción cubana que impactó en la conciencia europea, aunque aflojó los lazos coloniales. Llegó a la bohemia parisina donde estudiaba el futuro presidente posindependiente de Senegal, Leopold Senghor , y a Filadelfia y Harlem, donde Kwame Nkrumah , el padre de Ghana, estudiaba Sociología y enseñaba la unidad africana. Se puede especular que la canción, que se inspira en los ritmos de África, fue trasladada a través de los campos de azúcar de Cuba a las calles de La Habana y de regreso al otro lado del Atlántico, y se adecuaba a la identidad poscolonial que exigía la negritud.
Tal vez la incorporación más directa de la canción a la música africana fue la del cardenal Rex Lawson, el cantante nigeriano de la alta sociedad de los años 60; escuchar su incorporación en su éxito “Sawale” es toda la confirmación que se puede obtener del continuum afrocubano. Y su influencia continuó, dando sabor a “Nwa Baby” de Flavour N’abania en este siglo.
Las letras suelen ser descartadas por banales, pero a mí me encantan. Llámame cachorro sucio, pero en cada pareado escaso veo campanillas del tipo de porquería que solo podrías decir si fueras un cantante de blues estadounidense de los años 30 o un bluesrockero británico de los 60. “Si quieres divertirte con la boca/comerte tu cucurucho de mani”, dice Moises Simon. Bo Carter responde: “Ahora no soy un barrendero, el hijo de un barrendero, puedo volarte el agujero hasta que venga el barrendero”. Moises prepara el escenario con “Qué tostado y rico es, no puedes pedir nada más” y Lil Johnson sube la apuesta con “Vamos, nena, vamos a divertirnos, solo pon tu perrito caliente en mi pan”, y luego aclara: “Tiene un buen perrito caliente, no me refiero a un Wienee”. Lo siguiente que sabes es que los chicos ingleses tienen limón corriendo por sus piernas y preguntan cómo es que el azúcar moreno sabe tan bien (mi tesis alternativa sobre la influencia del Pancake Day en el descanso y la relajación aún no se ha publicado).
Como se ve en el primer video –la versión más conocida de la canción–, Don Azpiazú de Cienfuegos lidera y Antonio Machín canta. No sé cómo se desarrolló la filmación de un cubano mestizo lanzando maníes a su público de Nueva York; todo parece muy recatado, pero pasaron 40 años antes de que Iggy Pop se atreviera a intentar algo similar en un campo de Cincinnati.
Comenzó en África y pasó por Cuba.


