Era sábado en la noche el termómetro marca treinta y seis grados, el aire se sentía pegajoso. Las altas temperaturas ya delataban la entrada del verano en esta isla caribeña donde el sudor provocado por la buena música entra a formar parte de nuestra idiosincrasia. Me encontraba sentada en la terraza del recién inaugurado bar Bongo Loco, una casa antigua y con arquitectura colonial de ventanales gigantes y terraza amplia como muchas de las que abundan en La Habana, pero esta promete ser el nuevo refugio para esos artistas jóvenes cubanos que buscan un sitio donde expresar su arte, como es el caso de mi entrevistada en esta ocasión, a la que estaba esperando.
Había llegado un par de horas antes de que empezara el concierto. El generador del bar se apagó tres veces, fui testigo de cómo cada vez que las luces se iban, los músicos encendían sus teléfonos y seguían tocando el ensayo. Situación habitual, diría cualquier cubano: la incertidumbre de los apagones interminables ya es parte del paisaje sonoro y de la cotidianidad de nuestro diario.
Mi entrevistada entró por la puerta del local y me vio entre la gente. Cannela —con tan solo 19 años, el pelo afro como el mío— se ha abierto paso a la fuerza en la escena musical cubana con canciones como La Noche, Cadenas y Ángeles. A veces, su voz es tan suave como un atardecer habanero; otras, se transforma en un gruñido que anuncia su llegada como el comienzo de la temporada de huracanes. Una joven que se abre camino con seguridad en la escena del reparto, dominada por los hombres. . Dirías que hacen falta cojones, pero ella demuestra que no.
Mientras me siento con Cannela, la veo ser saludada una y otra vez por músicos, amigos y seguidores. El ambiente es informal, pero extraordinario, como una fiesta en casa donde uno de los amigos acaba de convertirse en una estrella. Todos en aquel lugar tienen alguna relación con Cannela y parecen quedar magnetizados mientras ella acapara la atención. Supongo que es algo universal, pero en Cuba especialmente, la paradoja entre la glamurosa personalidad pública de un artista emergente y su vida real resulta impactante. Y, como era de esperar, eso termina siendo el corazón de esta historia.
Un bautizo musical, el recurso del alter ego como forma de resistencia o simplemente, el nacimiento de la diva:
A la medida que intercambiaba las primeras palabras de contacto, la primera pregunta se iba haciendo más clara en mi cabeza, la curiosidad sobre aquel nombre tan inusual y tan cubano era imperiosa. ¿Acaso era un personaje? ¿Un estado de ánimo? ¿Una invención? así que sin ningún tapujo le formulé mi primera pregunta.
Dudé que sus padres la hubieran llamado Cannela. No conocemos a las personas Benito Martínez, José Manuel Carbajal Zaldívar o Stefani Germanotta como conocemos a las personalidades Bad Bunny, El Taiger y Lady Gaga.
¿Cómo conseguiste tu nombre, Cannela?
Me dijo que su verdadero nombre es Alejandra, pero que el nombre Cannela llegó a su vida como una broma que se quedó cuando, a los dieciséis años, decidió llevar su pelo afro natural y sus amigos más cercanos empezaron a llamarla Canela, haciendo referencia a la canción infantil cubana Estela es un granito de canela. Ya había empezado a subir sus primeros covers a una cuenta de Instagram con su nombre real y, un día, como una broma, cambió el nombre a Cannela sin imaginar que aquella broma pudiera llegar tan lejos.
Como Cannela, yo también estoy construyendo un disfraz: un personaje de periodista Gonzo, intentando establecer un estilo guiado por los sentimientos y el mito en lugar de la insípida letanía de datos que recibimos aquí: asistió a tal conservatorio, ganó tal premio. Me acordé de Gabo Cárdenas y de cómo creó y luego habitó esa personalidad más grande que la vida al frente de Vita Kará. Ver a Cannela, ver a Gabo, verme a mí misma convirtiéndome en Kamila del Grito y hacer de un personaje poderoso un aliado, una gueparda callejera vestida de cuero amarillo, se siente como un cortafuegos frente a una vida de gastar 8 dólares de un salario de 15 en aceite de cocina, o de cruzar la ciudad simplemente porque en casa de mi madre funciona la ducha.
Deseosa de saber más sobre la desconocida Alejandra sentada a mi lado, le pregunté:
¿Cuánto de Alejandra tiene Cannela y cuánto es un personaje necesario para sobrevivir, triunfar y ser deseada en la Cuba actual? ¿Cannela nació para expresarte o nació para ser observada?
«Un poco de las dos, mientras Alejandra es callada, tranquila bastante despistada, Cannela por otro lado es más activa, baila canta hace show, habla mucho, esa es la diferencia», me confiesa Cannela con el rostro reflexivo mientras se acomoda sus rizos afro de un lado hacia el otro, «aunque últimamente como que tiendo a fusionarme porque últimamente ando tan metida en el mundo de la música, que en la mayoría de las veces las personas con las que me relaciono me conocen ya por Cannela, y muchas veces sin estar a un concierto o sin estar grabando, ya actuó de manera más libre, más fresco, con más confianza, hablo más me desarrollo mejor.»
¿Cómo crees que será dentro de 10 años cuando hayas interpretado tanto el papel de Canella que se convierta en parte de ti?
«Creo que sería una híbrida…», dice entre risas, «cosa que he estado experimentando ya en dos o tres ocasiones.»
Para Alejandra, tener el personaje de Cannela ha sido una gran ventaja. Siente que es la justificación perfecta para ser quien ella quiera, con aciertos y contradicciones. Alejandra y Cannela, dos mujeres habitando el mismo cuerpo, dos artistas que no luchan por sobresalir una por encima de la otra, sino que se complementan.
Del hobby a los grandes escenarios
En Cuba, “tomárselo en serio” a menudo significa renunciar a todo lo demás. ¿Qué significó eso para ti, Cannela? —le pregunté—. ¿Y cuándo diste ese salto?
Cannela siempre soñó con “ser cantante” y, a lo largo de su juventud, esa obsesión se convirtió en algo más que un hobby. Pero cuando le ofrecieron una plaza para estudiar Medicina tuvo que tomar una decisión.
«A decir verdad, siempre será mi sueño frustrado porque también me encanta todo lo que tiene que ver con la anatomía», me dijo como si fuera palabras dedicadas a un añorado amante. Pero en Cuba estudiar Medicina significaba renunciar por completo a la música, una idea que no le gustaba, por lo que declara:
«Mi propia madre me dijo: “Si quieres, espera un año y escoge una carrera que te exija menos, o estudia Medicina”. Yo decidí esperar».
Fue a partir de ese momento decisivo de su vida cuando empezó a desarrollar este personaje de Cannela a través de sus canciones. Su voz se vuelve más firme mientras me dice:
«Traté de buscar productores, de informarme, sobre todo, de ir aprendiendo. Todavía lo sigo haciendo. Ha sido un proceso poco a poco»
¿El glamour cubano, un estilo de vida, una pose, añoranza de un pasado lejano o una forma de resistencia ante la realidad cotidiana?
En las décadas de 1940 y 1950, el Paseo del Prado era una pasarela urbana espléndida y exótica, como la esencia misma de la mujer cubana. Leyendas como Celia Cruz y Rosita Fornés marcaban tendencia, y el estilo cubano resonaba hasta Londres y París. La Cuba de 2026 es brutalmente diferente. Vestirse se ha convertido en poco más que una necesidad básica. Quería saber qué significaba para Cannela haber creado una personalidad pública que desafiaba las normas.
Sus videos proyectan seguridad, glamour y control, pero dejan entrever la realidad cotidiana de Cuba. ¿Cómo conviven esas dos versiones de su vida sin que una termine contradiciendo a la otra?, le pregunté.
Cannela se declara una cubana como cualquier otra, consciente de que vive en dos mundos muy distintos.
«Cuando estoy en el estudio o en el escenario, desconecto. Trato de dejar fuera toda mi cotidianidad como cubana.»
Me cuenta que, a veces, ha sido impactante pasar de un bar lujoso donde, supuestamente, no ocurre nada y todo está bien, a llegar a su casa, donde la falta de electricidad complica y endurece su vida cotidiana.
Mirándolo desde Cuba hacia Inglaterra, el glamour me parece real: los artistas tienen asesores de imagen, estilos de vida lujosos y una estructura dentro de la industria que sostiene el mito. En esta isla, para Cannela y quienes son como ella, cuyos ensayos y conciertos son interrumpidos o cancelados con demasiada frecuencia, encontrar transporte para mover los instrumentos de su banda es una misión imposible. Ver a una muchacha de solo diecinueve años me hace preguntarme cuánto esfuerzo invisible hay detrás de esa imagen perfecta. «¿Crees que el glamour es una forma de rebeldía en Cuba?», le pregunté. «Porque muchas veces parecer una artista requiere más imaginación que dinero.»
«Totalmente. Casi por obligación hay que recurrir a la imaginación, tanto para vestir con glamour como para ser original.»
El barrio como escuela
Cannela vive en Reparto Martí, un barrio popular de La Habana. «Antes vivía en un lugar tranquilo», me cuenta, pero mudarse allí cambió la manera en que entiende la música que hoy interpreta.
«Estar en un barrio donde se escucha mucho reparto me ayuda a entender por qué las letras son como son, su sabor, su ritmo. Sobre todo, ese ritmo que te hace moverte, que te hace bailar.»
No está hablando simplemente de escuchar un género musical. Está hablando de vivir dentro de él, de entenderlo desde las calles donde nació y donde sigue siendo la banda sonora de la vida cotidiana.
«Y eso es lo que me interesa, adaptarlo al tipo de música que hago.»
No quiere copiar el reparto. Quiere absorber aquello que hace que funcione.
Su ambición, me explica, es convertirse en una artista versátil.
«Tratando de hacer un reparto que sea menos vulgar, un reparto que te haga bailar, que no solo te deje un poco atontado, sino que te haga moverte a otro nivel. Un repertorio que te pueda hacer bailar mucho, pero que también te haga escuchar la letra o sentarte a interpretar lo que está diciendo la canción.» Explica que por «menos vulgar», Cannela se refiere a las letras, no al ritmo. Para ella, el reparto no necesita letras obscenas para hacer que la gente se mueva; limpiar las letras es una decisión artística, no un intento de hacer que la música sea más aceptable para un público internacional.
Escuchándola, comprendí que Cannela no rechaza el reparto ni pretende convertirlo en otra cosa. Quiere conservar su energía, su ritmo y su capacidad para hacer que la gente se mueva, pero también quiere invitarla a escuchar con atención lo que las canciones realmente están diciendo.
¿Cómo definirías el reparto?
«El reparto es una música que surge de vivir la adversidad. Es una manera alegre de vivir, y eso es lo que siempre ha distinguido al cubano.»
La misoginia del reparto
El reparto nació en los barrios más marginales de La Habana alrededor de 2007. Como su nombre sugiere, sus canciones eran un grito musical surgido de aquella dura marginalidad urbana. Las letras hablaban de sexo, drogas y los códigos de la calle. Hoy se ha extendido hasta convertirse, sin duda, en el sonido que la mayoría de los cubanos prefiere. Es un género musical que, por lo general, ha sido un ecosistema casi completamente masculino. De las mujeres, al igual que en el reguetón, muchas veces solo se esperaba que aportaran la imagen.
Entonces llegó Cannela, construyendo una carrera en este género con una voz que parece decir: «Yo también puedo hacer esto, y mejor.»
Así que le pregunté: «Creo que es justo decir que proyectas una imagen muy moderna de la feminidad cubana. En tus videos hay una sexualidad segura de sí misma y una afirmación de tu derecho a formar parte de la cultura del reparto, que en ocasiones ha sido extremadamente misógina. ¿Ha sido fácil? ¿Y crees que ahora es más fácil de lo que habría sido para alguien en tu posición hace veinte años?»
«Realmente no es del todo fácil. Porque las mujeres casi siempre son objetos decorativos, tanto en el reguetón como en el reparto. Muchas veces el público presta más atención a la imagen bonita que a la música en sí… aunque con el paso del tiempo las mujeres han ido asumiendo un papel cada vez más firme dentro de la industria.»
Su respuesta me hizo preguntarme si Cannela está intentando hacer algo más que simplemente triunfar como mujer dentro del reparto. ¿Está también intentando cambiar lo que el propio reparto puede llegar a ser?
Le pregunté: «Al escuchar tus canciones, parece que se mueven del bolero al reparto, del pop al afrobeat. ¿Es más importante para ti hacer evolucionar el reparto que simplemente encajar dentro de él?»
«Ante todo, mi objetivo es demostrar la unión entre los clásicos de la música tradicional cubana e internacional con los nuevos sonidos de mi país, conocidos como reparto. Después, demostrar mi versatilidad. Me encanta la diversidad cultural y de géneros: reguetón, afrobeat, rap, hip hop, jazz y R&B.»
Y ahí estaba la clave, Cannela no está haciendo reparto que todo esperan, no está siguiendo el esquema de canciones y otro artista que siguieron la formula un triunfaron. Cannela está redefiniendo el reparto, está tomando la música tradicional cubana con géneros como el bolero, el merengue y mezclándola con el afro beat, el pop, el jazz. Está construyendo puentes donde antes solo había muros.
Una canción o una confesión disfrazada
La noche anterior a la entrevista, me senté en mi apartamento alquilado en Centro Habana con un cigarrillo mentolado en la boca y disfrutando de las canciones de Cannela al tiempo que escudriñaba en mis pensamientos hasta la última letra. “A veces sola, me siento y bebo / A veces fumo para borrar recuerdos”, canta en ‘Cadenas’. Me preguntaba si eso era autobiografía o performance y es que la línea entre ambas en el arte es tan fina que a veces desaparece.
¿Ha habido alguna canción en la que aparezca más Alejandra que Cannela?
«En todas mis canciones siempre soy mucho más Cannela que Alejandra», me confesó, «sin embargo, hay una que me toca mucho y es “Ángeles”. Le escribí desde el dolor y la tristeza de la pérdida de un ser querido. Fue la primera canción que lancé, en homenaje a una de las personas que más quise cuando estuvo en vida. Por eso escribí una historia decisiva y más creativa, que surgió más de la mente de Alejandra que de la de Cannela.»
“Ángeles” no es una canción de reparto, es un bolero una confesión, una despedida. Y es la prueba de que Cannela puede navegar entre géneros como quien navega entre identidades.
La motomami cubana
Motomami —el concepto de Rosalía que mezcla fuerza y vulnerabilidad, tradición y modernidad—.
Cuando vi el video de “Enamorate”, no pude evitar pensar en el video de “Berghain” de Rosalía sin duda uno de los éxitos más recientes de la española. La misma apuesta visual, la misma mezcla de lo antiguo y lo nuevo, la misma declaración de que el arte no tiene fronteras.
«Me inspira Rosalía», admite Cannela. «El hecho de seguir a pesar de todo, cómo ha reinventado lo que ya estaba hecho, sin miedo a ser juzgada. Cómo es muy dueña de lo que hace.»
Pero hay algo más profundo Cannela se identifica con el debate que Rosalía ha generado: reinventar una tradición sin perder las raíces.
«Rosalía ha recibido críticas por reinventar una tradición. Yo hablo de modernizar la música cubana sin perder mis raíces. Me siento identificada con ese debate.»
Y cuando le pregunto qué considera revolucionario de Rosalía, su respuesta es simple pero contundente:
«Su interés por fallar y aprender, es increíble.»
Cannela también me narra cómo creció escuchando música tradicional y contemporánea como los Orishas, en los que también ha buscado inspiración debido a su mezcla de elementos como son hip hop y rap con la música cubana, elementos claros de su propia música. Cannela se declara un alma en constante evolución, siempre estudiando y creando algo nuevo al igual que Rosalía.
Pero su mayor amor es Nathy Peluso. «Me identifico con Nati Peluso y con su personaje por muchas razones. Primero, como mujeres, a través de las letras de sus canciones; y también, en general, por su increíble versatilidad, que aspiro a alcanzar en mi propia música.»
Es fácil entender por qué. Peluso, nacida en Argentina y criada en España, ha convertido casi en un principio el rechazo a las fronteras musicales: su álbum debut, Calambre, se movía entre la salsa, el R&B, el hip-hop y el pop argentino clásico, mientras que GRASA combinó posteriormente rap, salsa, baladas y sonidos tropicales. También estudió teatro físico antes de consolidarse como música, lo que ayuda a explicar la presencia escénica intensamente física y teatral por la que se ha hecho conocida.
Cannela destaca Remedio, de GRASA, como la canción en la que esa identificación se vuelve más personal: «Personalmente, Remedio significa mucho para mí, ya que es una canción sobre superar la adversidad y enfatiza la importancia de caerse y volver a levantarse. En última instancia, la propia personalidad de Nati Peluso se refleja en la canción, en mi carrera y también en mi música, porque insiste en que eres invencible, que siempre ha sido así y que rendirse no es una opción. Es un tema de superación de la adversidad que se repite una y otra vez, simplemente con el mensaje de seguir siempre adelante, independientemente del momento, las circunstancias, las personas, etc.»
Remedio fue lanzada en GRASA en 2024, y la propia Peluso la coescribió y produjo; su estribillo se centra precisamente en negarse a rendirse.
Una canción viral y la internacionalización del reparto
“La Noche me anda buscando” Cantas en “La Noche“, que se hizo viral. ¿Fue ese el momento en que te diste cuenta de que tu música podía conectar con un público internacional?
«Creo que sí y eso me tiene muy orgullosa la verdad», respondió con una sonrisa que iluminó la terraza. «Conectar con personas me hace muy feliz. Ya había otros temas que habían llegado, pero no a esta magnitud. Sobre todo, en España y entre los cubanos residentes en Estados Unidos.»
¿Entonces cuándo escribes tus canciones, te diriges solo a la audiencia cubana o buscas una audiencia internacional?
«Sí tengo como meta llegar a un público más internacional —dijo— Sin embargo, creo que haga el género que haga, siempre va a haber un poco de Cuba en todo y sobre todo de manera tradicionalmente hablando, siempre defendiendo mis raíces.»
El reparto cubano, ese género que muchos descartan como “música de barrio”, está conquistando el mundo, pero puede llegar a ser un género verdaderamente internacional, esa es la gran pregunta que los conocedores del género se hacen. Cannela es parte de esa vanguardia, que está llevando el sonido de reparto cubano a territorios que antes parecían inaccesibles, para ella solo es cuestión de tiempo que el reparto llegue más allá parafraseando sus palabras.
La última pregunta: ¿cómo quiere ser recordada?
Llegaba el final de la entrevista, la pregunta final me salió casi igual de espontánea que la primera.
Si dentro de diez años la gente habla del “sonido Cannela”, ¿cómo te gustaría que te recordasen?
Se quedó pensando por un instante el ruido del bar pareció disminuir el silencio entre ambas.
«Por una música que llega y va más allá de géneros musicales y partituras», dijo. «Algo auténtico, algo que vive reinventándose.»
Cannela se despidió como si ya fuéramos amigas íntimas. Media hora después, el bar a oscuras por otro corte energético inesperado y cien puntos de luz provenientes de los teléfonos del público que había venido a ver a Cannela iluminaban el escenario, Cannela entró. Rizos sueltos, pies descalzos, seguridad escénica que te dejaba sin aliento. Por un momento me pareció estar en algún club de Londres. Pero no, estamos en La Habana, donde una voz como la de Cannela ilumina una ciudad en penumbras.
Y mientras mis ojos se deleitaban con su talento, entendí lo más importante de la noche: no importa si Cannela es “real” o un personaje, no importa si sus letras son autobiográficas o invenciones. Lo que importa es que ella existe, que su música suena, que su imagen nos desafía a todos a ser más, a soñar más. Ese, queridos lectores del Grito, es el verdadero glamour cubano.




